-El juego se llama seducir, quien se enamore, pierde.

Cuento de hadas, curiosa frase. Analicémosla...
Filemamanía, es el nombre científico que recibe el deseo de besar. Según los expertos, si hay comunión mental y la suficiente atracción física en el beso, el alud de procesos químicos que se suceden provoca una auténtica conmoción en el organismo. El efecto es tan abrumador que, según algunos biólogos, podría compararse a una sobredosis de anfetaminas. Durante un beso de alta intensidad aumentan los niveles de dopamina (sustancia asociada con la sensación de bienestar) y de testosterona (hormona asociada al deseo sexual), y las glándulas adrenales segregan adrenalina y noradrenalina, que aumentan la presión arterial y la frecuencia cardiaca.
La palabra beso proviene del latín Basium –acción de besar- y besar del latín basiare, tocar algunas cosas con los labios contrayéndolos y dilatándolos suavemente, para manifestar amor, amistad, o reverencia. El beso es la forma más clara de expresar cariño, expresar sentimientos, emociones y pasiones y la boca, según la teoría freudiana, es el primer lugar donde se asienta el deseo sexual.
Una vez alguien me dijo, que la soledad es una mierda. Y le respondí que pensaba lo mismo. Alguien en otra oportunidad me comento que la peor soledad que se puede tener, es aquella soledad que llega cuando estas rodeado de mucha gente que te quiere, pero por extrañas razones de la vida, te sientes solo, y apartado de toda aquellas personas que supuestamente te entregan cariño, pero tú no puedes llegar a sentir todo ese cariño. Esa es una situación bastante de mierda. Es una lata estar rodeado de gente, y que te sientas solo igual. Sentir que nada ni nadie te puede gratificar cuando en verdad lo hacen, no se puede saber si es algo patológico, si es algo donde estas tú o del resto. Y a veces tiendo a pensar seriamente que todo eso nace de tú parte, que es algo problemático en ti, y por desgracia es así, por desgracia tu eres el que te sientes solo, desolado, desahuciado, desprotegido y sin nadie, pero absolutamente nadie que te pueda consolar, aunque veas con tus propios ojos la cantidad de brazos que hay estirados para tratar de ayudarte.

Nos reímos. Y seguimos riéndonos así. Hablando sin saber muy bien de qué ni por qué. Después decidimos colgar, prometiendo que nos llamaremos mañana. Es una promesa inútil: lo hubiéramos hecho de todos modos. Cuando pierdes tiempo al teléfono, cuando los minutos pasan sin que te des cuenta, cuando las palabras no tienen sentido, cuando piensas que si alguien te escuchara creería que estás lcoco, cuando ninguno de los dos tiene ganas de colgar, cuando después de que ella ha colgado compruebas que lo haya hecho de verdad, entonces estás perdido. O mejor dicho, estás enamorado, lo que, en realidad, es un poco de lo mismo...